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EL TONTO-PROGRE

El tonto-progre es una subespecie humana que goza de toda mi simpatía y mi cariño. Yo aspiro algún día a serlo, aunque no es nada fácil alcanzar ese estatus que sólo está al alcance de los elegidos intelectualmente.

No, no, no piensen mal. Un tonto-progre no es un votante de izquierdas. Eso sería demasiado fácil y estaría al alcance de todos. Incluso de mí.


Un tonto-progre que se precie, y como primera cualidad, tiene que estar realmente comprometido (no se sabe muy bien con qué, pero no importa). Y ser especialmente sensible y comprensivo con los que no piensan como él, y ven las cosas de difererente forma. Lo que hará cada mañana al salir a la calle será comprar El País, para informarse de cuanto acontece en el mundo.

Una vez informado debidamente, y dando por sentado que el periódico que compra y lee es el único que es veraz e imparcial, el tonto-progre dedicará la mañana a crearse su propia opinión, que suele ser imparcial y objetiva hasta límites insospechados. Aunque antes, y para que no exista ninguna duda, intercambiará con otro tonto-progre otro diario, en éste caso leerá Público, para que no se le pueda decir que no contrasta la información.

Después de despedirse de su compañero de trabajo con un emotivo "viva la república", nuestro hombre, fiel votante de un partido monárquico, se reunirá con sus compañeros en distintos foros de internet, donde dará a conocer los conocimientos adquiridos durante la mañana. Conocimientos, que por si quedaba alguna duda, ha vuelto a contrastar escuchando una emisora de radio, la Cadena Ser, para que nadie le pueda reprochar que no bebe de varias fuentes.

El tonto-progre ha desarrollado una manía persecutoria con la iglesia de muy difícil explicación. Se crée que la iglesia quiere imponerle algo, y lucha con todas sus fuerzas (es decir, escribe en su blog), día sí, día no, su deseo de que la iglesia desaparezca.

Si además está en proceso de apostatar, éste que les ecribe considera que el tonto-progre tendrá la categoría de sublime.

Aunque quizá la virtud más destacable del tonto-progre sea la de profesar un respeto desmesurado a quién no piensa como él.

A pesar de que el partido que gobierna en el país es afín a los intereses del tonto-progre, éstos tienen una espinita clavada en su corazón: Madrid.

Especialmente curiosa resulta la opinión del tonto-progre de provincias. Se dan casos espeluznantes de algunos de éstos héroes de nuestro tiempo, que dedican con gran entusiasmo parte de su preciado tiempo en intentar alentarnos a los madrileños del peligro que corremos. Cosa que nunca les podremos agradecer suficientemente.

Y es que como la labor del gobierno central es intachable, carente de mentiras, y por ahí no encuentran cómo sacar el espíritu crítico que todo tonto-progre tiene, no dudan en atacar a Madrid. Pero no sólo a sus gobernantes, como cualquiera podría imaginar. Ya decíamos que sólo está al alcance de los elegidos el formar parte de esta sub-especie. Por ello, no dudan en recurrir a las más altas cotas de democracia y civismo que se han vivido en nuestro país, que es insultar, así como suena, a todos los votantes del partido popular.

Seguramente el tonto-progre lo hace con buena intención, ya que a pesar de poseer un coeficiente intelectual por encima de la media, éste no le llega para entender cómo es posible que coexistan con ellos millones de especímenes tan contrarios a sus pensamientos.

Y aunque el tonto-progre es comprensivo, comprometido, y con un corazón que no le cabe en el pecho, se ve obligado a recurrir al insulto como últmo recurso para alentar a los equivocados. Que se lo agradecemos, no crean ustedes que no. De hecho aquí me tienen, dedicándoles éstas líneas con todo mi cariño.


Y para ir finalizando, convendría destacar que el tonto-progre, amén de las virtudes ya mencionadas, posee otras no menos significativas y también muy importantes: Al tonto-progre le basta y le sobra para mantenerse informado con los medios que he nombrado, y considera que todos los demás sólo traen noticias falsas y manipulación. Por eso, y en aras de la objetividad, el tonto-progre aboga por la desaparición de determinados medios críticos con el gobierno. Especialmente El Mundo y La Cope, sin menoscabo de La Razón y el ABC, periódicos que no ha leído en su vida. Pero como ésto parece ser que no está permitido, también se dedican a insultar todo lo que pueden a los responsables de dicho medios, aunque siempre desde la tolerancia y el compromiso, como tiene que ser.

Hasta aquí, básicamente las aptitudes que todo aquel que aspire a ser un tonto-progre debe tener, aunque aún puedo ofrecer la descripción de lo que yo llamaría el tonto-progre-integral, que amén de tener todas las virtudes anteriormente expuestas, también dedica parte de su esfuerzo en posicionarse claramente en favor de las familias de los asesinos de ETA, antes que de las víctimas.
Que no digo yo que no condenen los atentados, que lo hacen. Pero es de muy tonto-progre dedicar más tiempo y más esfuerzo a reivindicar el acercamiento de presos antes que preocuparse por lo que sienten las víctimas.

Pues eso es lo que hay.

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