En un gran claro del Bosque de Paso, una persona caminaba ligera. Iba pensado en sus cosas y en lo lejos que llegaría. De pronto se fijó sin querer en alguien que iba a su lado.
Esa otra persona miraba con confianza, como a punto de conversar. Eso no le gustó. Aceleró el ritmo huyendo de la compañía. Miró de reojo y ahí seguía. Continuó aún más deprisa; nada, no conseguía pasarla.
Concentró todo su empeño en los pies y su intención en la marcha. Observó los pies de la otra persona... imposible, apenas se movían. Empezó a correr sin perder de vista esas otras piernas que, sin aparente esfuerzo, no se alejaban de las suyas corriese lo que corriera. Se asustó.
Se desesperó y se lanzó a una última carrera agotadora. Todo el dolor del esfuerzo se le fue a las rodillas, que se doblaron sin permiso y se cayó. Ya en el suelo, sentándose como pudo, lloró. Lloró y lloró; cómo lloró.
- ¿Qué hago mal? ¿Por qué corro y corro y no consigo adelantarte si tú casi no te mueves? ¿No soy suficiente? ¿No soy bastante?
La otra persona no estaba cansada pero también se sentó.
- No me has adelantado, pero has recorrido mucho más trayecto que yo -dijo con la sonrisa más amable que encontró-. Es lógico que sientas cansancio, pero no debes sentir desolación.
- Pero, ¡hemos llegado al mismo sitio a la vez!
- Toma aliento y mira a tu alrededor.
Lo hizo. Miró hacia delante y a su espalda. Y entendió. El camino que sus ojos observaban era un círculo que sus pasos habían trazado en su inútil recorrido. Los nervios se le fueron garganta arriba y se rió. Se rió y se rió; cómo se rió.
- Me alegro de que te sientas mejor -dijo la otra persona desde el centro exacto del círculo.
- ¡Tú y yo no hemos ido a ningún sitio! -y la risa se le apagó-. Quería moverme... -recordó-.
- Lo has hecho.
- Pero quiero avanzar...
- Lo haces.
- No, lo que quiero es ir más allá -se lamentó señalando lejos del círculo-, quiero conocer más...
- Pues sólo tienes que poner un pie fuera de aquí y cuidar de no volver a dar vueltas.
Qué dulces sonaron las palabras.
- Y tú. ¿Vendrás?
- No. Yo estoy bien aquí.
- ¿No quieres salir del círculo?
- No. No siento curiosidad. Me gusta cómo me muevo y lo que veo. No quiero más.
- Pero ¿no te importa la soledad? Parece gustarte la compañía.
- Vendrán más -contestó divertida la persona que no se movía-. Siempre hay alguien a mi alrededor. Tú vigila de no caer en otro círculo.
Se despidieron casi con afecto y un avance de nostalgia inexplicable. Se desearon suerte y se la desearon de verdad.
La persona que se quedó vio como la otra se alejaba y pensó con un poco de tristeza: "¿qué creerá que va a encontrar?". Devolvió con la mano el saludo de la que se iba caminando que, a su vez, iba pensando con algo de pena: "¿qué creerá que ha encontrado?"
En ese instante, una tercera persona pasó al lado de la que estaba quieta y en su buen caminar llegó hasta la que se había alejado, que había vuelto a andar en círculos sin darse cuenta. También la rebasó. Al ver el paso firme, recto, decidido y bien dispuesto de esta tercera, las otras dos pensaron a la vez y con cierta razón: "¿A dónde creerá que va?". Y las tres siguieron su camino aunque había muchos, muchos otros más.
Etiquetas: cuentos
Entrada más reciente Entrada antigua Inicio
0 comentarios:
Publicar un comentario