Por El Mayoral
PASCUALEÑO NO ERA HIJO DE SU MADRE
---- ERA HIJO DE SU ABUELA DOROTEA ----
I
Le pusieron Pascualeño como nombre de pila en el registro civil en memoria de su presunto padre, Pascualón. Lo de Pascualón, el padre presunto de Pascualeño, fue mas bien un mote, pero que suplantó al nombre con tal fuerza que nadie volvió a recordar su verdadero nombre bautismal.
El mote – ya considerado nombre oficial -- tenía su origen en lo inclinado que era a todas las golosinas de una y otra pascua. Pascualón se pirraba por los turrones o mazapanes de la Navidad, y de igual manera por el arroz con leche, el escabeche de bacalao y las natillas de la Semana Santa. Siempre fue un adicto a las grandes comilonas pascuales.
Pascualón había muerto, y, por consiguiente, había dejado viuda a su esposa la Dorotea, y huérfana de padre a su sola hija, Crispina, hoy casada con Marjalizo y también ya huérfana de su madre Dorotea. La abuela Dorotea que, tras una inoportuna preñez de nueve meses, murió del mal parto que dio vida a Pascualeño.
Digamos – por decirlo de alguna manera -- que, más o menos, Pascualeño viene a ser el galán o protagonista de esta historia comenzada y que continúa como sigue:
II
Dorotea había vivido su viudez por un largo periodo de años, durante el cual permaneció ayuna de sexo, si bien es cierto que jamás perdió los apetitos...
Pascualeño no es hijo biológico de su presunta madre por extraño que parezca, sino de la abuela Dorotea (q.e.d.), que es la madre, a su vez, de Crispina, la verdadera hermana biológica de Pascualeño; pero claro, sólo hermana de madre: el padre de Pascualeño lo era, y lo es, el butanero del pueblo. Sin embargo, siempre tuvo por madre, erróneamente, claro está, a su propia hermana…
No sé si me van entendiendo. Verán:
Su madre; es decir, su presunta abuela Dorotea, que era su verdadera madre biológica (por lo tanto, es hermano de madre de su presunta madre, como más o menos queda dicho más arriba) tuvo un desliz con el butanero, y ello, por consiguiente, determinó la mal determinada venida al mundo de Pascualeño… (¡Más claro, agua…!)
III
La abuela Dorotea, la verdadera madre -- y madre también de la que Pascualeño siempre ha tenido por madre, su verdadera hermana --, ya viejecita y asistida por asistenta a cargo de los S.S.A.S (Servicios Sociales de Asistencia Social) se encontraba a solas en casa. Solita ella, ausente la asistenta, llegó el butanero y, como de costumbre, dejó posar la botella en el suelo. Sudoroso y jadeante miró a la abuela Dorotea, y, ¡vete tú a saber por qué impulsos misteriosos del misterioso sexo incontrolable…!!, la miró y remiró, y al verla, un escalofrío de irrefrenable deseo le asaltó…:
---------Abuela --le dijo el butanero con la sangre caliente y enardecida
---------¿Quéehijomíioo…qué? --- le preguntó la abuela con su voz entrecortada y temblorosa de vieja, también asaltada por un halagüeño presentimiento.
-------- ¿Sabes que estás mu güena?. ¿Sabes que mas puesto cachondo al vete?, le repreguntaba el butanero en un expresivo ademán con la mano palpándose los genitales.
------- Nooseráapa´tantoo,hijoo nooserápa´tantoo– dijo la abuela sintiéndose alagada
El butanero no esperó a más, diciendo para sus adentros: “…¡eso quería yo saber!. Y sin mediar más palabras se fue hacia ella, la levantó como a una pluma, la depositó en la cama, le dio un beso en la sumida boca a la anciana y procedió a desnudarla mientras él bufaba cual vieja máquina de ferrocarril. El cuerpo desnudo de la vieja era todo una masa amorfa de infinitos pliegues rugosos, una porción de huesos y pellejos reducida a su mínima expresión; pero que para el butanero -- en plena ebullición, semejante a la de una olla-exprés en acción -- cada pliegue era un ascua encendida para su ya encendido cuerpo; era, se diría, todo un poderoso imán de excitación y morbo
IV
-----Teenmuuchoocuidadíinhijomíoo...¡Túumedeueelveslavidaaajoveencito!! –decía la vieja presa de escalofriantes y novedosas emociones, al tiempo que alargaba su sarmentosa mano buscando el miembro erecto del butanero.
Los morros del butanero humedecían, babeándolo, aquel erial agrietado por largas y pertinaces sequías en la zona íntima de la vieja: ni el menor asomo, ni una muestra de la otrora fronda capilar en los humedales umbríos de la abuela. Sin embargo, o a pesar de que la laboriosa acción del butanero no lograba la debida humedad espontánea de los ausentes flujos, el cuerpecillo maltrecho de la anciana temblaba poseída ella por fuertes sacudidas emocionales:
-------- ¡¡Quéegustohiijitomíiioo…!!. ¡¡Siigueesigueesiigueesiiigueee…!!!. ¡¡Noopaareesnooparesnooparees..!!
El butanero, con lo que soñaba era con una felación de la vieja sin dientes… Eso –pensaba –¡tiene que ser el no va más con una boca así …!!
--------- Venga, agüela, ¿quieres tomarte un biberón?
--------- Sihijosii queemeerejuvenece….
Cogió el butanero su miembro reventón color de lirio morao y lo depositó, cuidadoso, en el interior pastoso de aquella sumida boca, que, por cierto, ya lo esperaba impaciente con su temblorosa lengua fuera. Los reducidos y rugosos labios de la anciana se movían al mismo ritmo que su lengua pajiza, que accionaba, retemblando, a la manera de la lengua bífida de un reptil.
------- uuiiy,ufúu uffúufffuuu… - gruñía la vieja, libando, cual abeja laboriosa, las mieles o néctares de aquel capullo reventón…
V
Llegada la consumación del acto -- la real, la auténtica, la natural penetración, la de por natura o por su sitio natural – a sabiendas de la larga sequía por la que atravesaban sus añosos genitales, le dijo al excitado butanero la no menos excitada abuelilla:
--------Aahí…eenlaameesillaadeenoochee dejóomiihijaa antesdemuudarssee destaacasa…unaapomadaaquee ellaasedaaba
El butanero abrió impaciente el cajón de la mesilla de noche y extrajo, con cara de gozo, cuatro o cinco botes de vaginesil, gel-lubricante vaginal que utilizaba la hija de la abuela; la que, pasado el tiempo, se la tomó presuntamente por la madre de Pascualeño.
A pesar de la puesta apunto del miembro viril del butanero, él sabia sobradamente de las pocas garantías con que contaba para la penetración, dado, naturalmente, el estado estropajoso y sequizo de la añosa vagina. Procedió a abrir los susodichos botes a sabiendas de que los iba a necesitar todos. Con el dedo índice rebozó toda la embocadura vaginal, y, con el total de los dedos, toda la zona de la vulva y exteriores de los labios
------- Aayyhijomioo…,¡¡AAyay…!!. --- suspiraba la abuelilla mientras le lubricaban los bajos.
El butanero se dijo que, “ya puestos, lo mejor va a ser que la pringue toda de arriba abajo…”, y así fue como lo hizo pensando en que ello le daba más morbo. Vaciados los botes de su deslizante producto, el cuerpo de momia de la anciana se había convertido en una auténtica pista de patinaje...
Acto seguido, el furioso butanero se lanzó como una fiera sobre el minucioso, lodado y sutil cuerpo de la anciana. A la primera embestida de su vigoroso miembro, éste marró de tal manera la puntería que, ¡zas, al suelo…!. El cuerpo del butanero, tras haber patinado en brusco resbalón sobre el lubricante vaginal, había venido a dar con sus costillas en el santo suelo. Y, de tal manera se le fue hacia atrás la cabeza que el golpe que recibió en el esfenoides apunto estuvo de desnucarle…
------¡Mecagondios…! ---gruñó entre dientes, mientras la viejecilla reia complacida: “Jeejeje…”
Se levantó contrariado, y, cogiendo a la abuela con uñas y dientes, la penetró con una certera embestida, ayudado por la débil mano de la vieja. Pues la feliz anciana, dominada por el gozo, pugnaba por agarrar el aparato que con tanto ímpetu se perdía por la oquedad de tan antiquísima y maravillosa gruta.
Tras repetidos vaivenes, el cuello o pórticos del útero de aquella viejecita recibía con todos los honores el fogonazo de esperma que lo dejaba salpicado, bañado, chorreado, cual fachada recientemente encalada. O sea: el fértil semen de aquel hombre quedaba inevitablemente depositado en aquel recinto, recipiente, o receptáculo, con todas sus posteriores consecuencias. Y así culminaba el acto o gran momento, sólo con la preocupación posterior de haberse dejado algún cabo suelto… Por si las moscas, la abuela, al despedirlo, le aconsejó al joven butanero:
-------- Maañaanahijootetoomaas, nooteeolviides, laapastilla deeldíiadespueés, poorunsiaacaso…
---------Tranqui, abuela, tranqui, que mañana me tomo la pastilla del día después.
VI
Según manifestó, y juró y perjuró el butanero, efectivamente (más bien inefectivamente) al siguiente día se tomó su pastilla-anticonceptivo, esa que dicen de al día después del acto...
La pastilla debía encontrarse adulterada, o… Porque, estoy pensando: ¿cómo le iba a hacer efecto la pastilla del día después si ya le había soltado “la pringá” al aparato reproductor de la abuela?. ¿No sería la abuela la que se la debió tomar para evitar la posible fecundación?. Lo cierto es que, por lo que fuese, y por raro que parezca en una anciana, a la abuela comenzó a engordarle y engordarle la barriga, y --- aunque en principio se pensó en un tumor intestinal --- el resultado no fue otro que el de, cumplidos los nueve meses, alumbrar a este puñetero mundo de los mortales al ya famoso Pascualeño.
Pero, por desgracia, el alumbramiento de Pascualeño (no el hijo de Pascualón, el difunto, tiempo ha, marido de la abuela Dorotea; sino el hijo del butanero) no fue, ni mucho menos, gratuito para la vieja parturienta, quien, tras laboriosa cesárea y pese a los esfuerzos de espeleólogos, tocólogos, ginecólogos, cardiólogos, y todo un ejercito de ólogos (antropólogos, filólogos, otorrinolaringólogos...) fallecía a consecuencia de un repentino y definitivo paro cardíaco.
VII
Como no hay mal que por bien no venga, según el viejo refrán, el niño recién nacido venía a suponer un milagro para la afligida Crispina, la hija casada de Pascualón y de la abuela Dorotea. Crispina no había tenido familia con su marido Marjalizo, quien padecía de infertilidad a causa de no sé qué perezas o lentitudes, o dormideras o borracheras de sus espermatozoides. Según diagnósticos, por exploraciones o analíticas, vivos los espermatozoides, por lo visto, sí que los tenía; pero que necesitados de especiales estímulos aún no aplicados.
Enemigo Marjalizo de intromisiones en su, por otra parte, buena salud, había ya renunciado a tener descendencia con su esposa, la Crispina. Ésta, la Crispina, siempre fue gustosa y aceptó de buen grado, por desafortunada que fuera, cualquier decisión e iniciativa de su marido.
Así pues, el niño vino a caer como agua de mayo a la pareja, ya resignada a no tener familia. Por consiguiente, la decisión común no fue otra que la de darlo por hijo de ellos; es decir, considerarlo a todos los efectos, y a partir de entonces, como hijo natural de Marjalizo y de su mujer, la Crispina. Y así, trataron de olvidar que ella era realmente hermana de madre del propio niño, quedando desde tal momento como hijo suyo para todos los efectos. El padre real o verdadero del niño ya queda dicho con claridad meridiana que lo era el tunante y fogoso butanero, quien lo
había engendrado sin desearlo (sin desear el tal engendro; que el acto si que era bien deseado y apetecido) con la abuela Dorotea.
Para que el agüelo Pascualón no pasara olvidado a la historia sin más – más bien, se diría, que para que la historia quedara mejor camuflada, tomándolo como padre de la criatura--- acordaron ponerle el memorable nombre de Pascualeño. Y así, de manera tan piadosamente mentirosilla, el célebre Pascualeño creció y se desarrollo en el seno de esta ---¿definida...?. ¿indefinida.. ¿mal definida...?-- familia.
VIII
Llegado a la edad de la adolescencia, Pascualeño adolecía paulatinamente de ser cada día mas delatado por la inexorabilidad temporal que ponía al descubierto el parecido físico que iba teniendo con su padre biológico, el resusodicho butanero; aquel hombre que, por cierto, nunca hasta ahora fue nombrado por su nombre: Rufíno Fornica del Falo. Que así fue como siempre figuró en los papeles administrativos, y, se supone que el nombre con el cual fuera bautizado en su día.
Tal era el parecido que iba adquiriendo con el requetesusodicho butanero (ya señor Fornica del Falo) que lo más normal es que se oyera decir a sus espaldas: “...¡Hostias, cómo se parece al padre...!. U otras irreprimibles expresiones como: “Clavao..., clavao al Falo, tú... No pué negar el cabrón que es de Formica; pues algunos confundían el apellido de Fornica con Formica, lo que no dejaba igualmente de ser un acierto: Pascualón y Pascualeño eran más estrechos que una plancha de formica... Otra de las expresiones habituales era: ... “¡Cooño, qué buen pincel el Falo pa pintalo...!”
Crispina y Marjalizo nunca se dieron por enterados de tales comentarios de contenido morboso, maléfico, y sus vidas discurrían cada día más llenas y satisfechas con aquel milagroso apéndice familiar con el que la providencia había venido a premiarles.
------- ¡...Quién nos lo iba a decir, Marja!!. ¡¡Qué contenta estoy con Pascua...! --- decía Crispina orgullosa y feliz del seudo hijo, el estraperlista Pascualeño.
-------- Ni que lo digas, Crispi.... ¡Tiene mis mismas cosas el jodio.!. ¡Igualito que yo...! --- aclaraba Marjalizo que tiempo ha había borrado de su memoria y de su consciencia la real procedencia de la mercancía humana --- ¡¡Es untío con dos cojones, Crispi --- añadía. Crispina mantenía el eufórico diálogo, pero falseando sus pensamientos y, en cierto modo sus sentimientos. Siempre había echado de menos en la conducta sexual del frígido Marjalizo, el deseado fuego que, a la hora del acto con él, la llevaba a pensar en el fogoso y fértil butanero, aquél que dejara preñada a su madre de forma tan certera... Tal vez esta consciencia en la Crispina era lo que avivaba el amor por Pascualeño a quien lo consideraba más hijo aún al sentirse ella no sólo hermana de madre, sino también hermana de padre de su querido Pascualeño...; pues a tales excentricidades mentales la llevaban las añoranzas o simpatías que sentía por el butanero...
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