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Pasada una hora, en la escena de los crímenes...

El sargento Orellana y la cabo Campanario intentaban poner algo de luz sobre lo acontecido aquella noche en Villaanal de la sierra. Sin testigos, sin pruebas, sin medios, en el cuartel del pueblo a parte de ellos dos, solo contaban con un guardia civil becario que a duras penas había logrado entrar por la puerta de la casa de los Canales. Era sin duda un panorama desolador ante el cual daban ganas de ponerse a llorar o liarse a tiros indistintamente.

_Esta la cosa jodía. –dijo el guardia.

Orellana era un hombre de cuarenta años, poco pelo castaño en la cabeza y muy bien conservado de línea para la media de la guardia civil en el país. Alcanzaba cosa del metro ochenta y estaba casado en segundas nupcias. Se había criado en ese mismo cuartel hijo de guardia civil, hasta los veinte años en los que emigró a la capital para iniciar su carrera militar. Habitual visitante de las fiestas del pueblo, había vuelto a residir allí de manera continuada hacía cinco años, acompañado de su segunda esposa y con el cargo de sargento en el bolsillo, lo que demostró al resto de los paisanos, que aquí en este país él más tonto del pueblo puede hacer un lápiz, e incluso llegar a ser sargento de la guardia civil.

_Tenemos tres cadáveres enteros... dos de la familia que vivía en esta casa... Pedro Canales, el padre, y Jaime Canales hijo... y además el tío Salomón vecino viudo y cotilla de la misma calle. –contestó campanario.

La cabo Campanario era una mujer rubia, de pelo corto como exigía el cuerpo, grandes pechos que se dejaban notar tras el uniforme de la benemérita, alta y atractiva aun vestida de guardia civil, pero de rasgos fuertes y marcados. Tenía veintiocho años y residía en Villaanal de la sierra desde hacía solo tres años. Con su libreta en mano tomaba nota de todo lo que había podido averiguar de los asesinatos de esa noche.

La casa era descuidada en higiene, el olor de la matanza ya hacía estragos en los olfatos de las dos únicas personas que por el momento contemplaban la escena del crimen. Una autentica orgía macabra se había pegado algún perturbado. Los charcos de sangre comenzaban a cuajarse sobre el polvo del suelo.

_Esto es increíble... uno pide destino en un pueblo terminal como este repleto de viejos, pensando en una jubilación tranquila y mira lo que se encuentra. Todo esto es lo que trae la puta democracia, con tanta libertad cualquier loco se ve con derecho a hacerse famoso a base de despedazar pacíficos ciudadanos. Si el abuelo levantara la cabeza...

La cabo Campanario conocía desde hacía cinco años a ese sargento, seguramente no era el oficial superior de mayor inteligencia con el que había trabajado, a veces dudaba de los medio usados por Orellana para llegar a ese puesto, pero aun con el deber de obedecer a un superior y con el respeto que le daban esos muertos delante de ella, solo podía verlo como un cabrón machista, mas que como un guardia civil intentado resolver un problema para el que no estaba cualificado.

_¿Móvil?.

_Del crimen se refiere ¿no?... no tenemos de eso, solo un pecho... la prueba “A”. – la mujer levantó en alto la bolsa en la que habían guardado esa cosa encontrada en la cama.

Aquel sargento que nunca se había visto en otras como esta, miró de nuevo los cadáveres descuartizados. Tenían uno en la habitación donde estaba el pecho, otro en el pasillo y el ultimo, el de Canales hijo en el cuarto de baño sobre la taza del urinario.

_Y el otro hijo ha desaparecido... muy sospechoso. ¿Qué se sabe de esa mujer?

_Pues algunos dicen que era una feriante, que vino y se caso con el hijo retrasado de la familia... ya sabe como critican en el pueblo, ha desaparecido también... o han escondido sus restos. Cuando se haga de día podremos interrogar a los vecinos con tranquilidad.

Hacía menos de una hora que recibieran el aviso de los ruidos causados en los crímenes. Primero pensaron en una broma de algún gracioso del pueblo, luego se confirmo el aviso con otras llamadas. Los únicos familiares directos en el pueblo de esa gente muerta, eran los zapateros de Villaanal, a los que habían interrogado y de los que no habían sacado nada a aparte de un caldo que sabía de puta madre.

_Era gente rara esos zapateros. Pistas han dado pocas, pero al menos me dieron esto. –dijo el sargento que saco un trozo de papel donde llevaba a puntado la receta del caldo sabroso que le ofrecieron en aquella casa.

Media hora después interrogaron a los dos amigos del sospechoso. Isa y Eva, dos jóvenes borrachos y salidos del pueblo, marginales como Miguel Canales que de escasa ayuda sirvieron.

Tras esta última visita, que ambos hicieron tras descubrir los cuerpos, la cabo se encargo de llevarles a las dependencias de la benemérita en el pueblo. Fueron acusados en un primer momento de ser sospechosos de colaborar en un asesinato múltiple o por lo menos conocer al posible asesino. Lo acataron sin demasiadas pegas, por lo que no hizo falta buscar otros cargos.

_Sí, estos tampoco saben nada sargento. La última vez que vieron a Miguel Canales estaba bien, aunque algo borracho.

_Borracho. –repitió el sargento- Llegó a casa fuera de control y... ¿Habéis seguido el procedimiento habitual?

_Si, les hemos dado una paliza y les hemos metido en el calabozo para por sí acaso.

_Bueno... hagamos algunas conjeturas... el hijo pequeño se vuelve loco y mata a toda la familia y al vecino chismoso que no le deja tranquilo... luego huye... – se detuvo y consultó su reloj de pulsera- ¡Joder! Nos falta algo muy importante.

Aun eran solo las siete de la mañana y seguían esperando al juez que levantara los cadáveres. No eran horas habituales para ver guardias en pie en el pueblo, así estaban disminuidos en sus escasas facultades normales.

_Joder, somos guardias de pueblo no estamos preparados para estas masacres... no hemos tenido en cuenta una cosa.

_Claro... el arma del crimen...

_No, yo me refería al desayuno, siempre pienso mejor con el estomago lleno, pero lo del arma del crimen suena bien... ¿qué dirías que puede haber usado para semejante destrozo?... ¿un cuchillo grande?.

La mujer guardia no necesito volver a ver la familia destripada para entender que tipo de arma habían de buscar. Se encontraban mismamente en la habitación donde el viejo vecino fue casi descuartizado sobre la cama, muy cerca del pecho amputado del que una serie de hileras de sangre había caído hasta llegar a la almohada ya empapada.

_Algo eléctrico, o mecánico, no sé... un cuchillo eléctrico, un ventilador... una sierra mecánica... una radial...

No era una idea desencaminada por eso el sargento no tardo en tratar de echarla por tierra, puesto que no era suya.

_Ya, muy inteligente, mira a tu alrededor, no tienen ni video, ni teléfono, como van a tener esas cosas, esto no es una ferretería.

En esos momentos de falta de rumbo en la investigación escucharon una voz de la calle. El guardia becario joven y gordo que tenían en el cuartel venía sudando, a la vez que visiblemente alterado calle abajo, al menos voluntad no se le podía negar al pobre. Era otro que no se esperaba este tipo de sucesos en un cuartel paradisíaco como aquel, al que llegara con cincuenta kilos seis meses antes y con ganas de comerse el mundo y... bueno, en cierto modo su aumento sorprendente de peso demostraba que lo había conseguido, sino el mundo entero aquel animal se había zampado varios continentes en Villaanal de la sierra.

_Sargento, sargento… he encontrado en las afueras del pueblo… en el olivar de la familia asesinada... - aquí tomó aire casi a punto de atragantarse- pues eso, un motosierra lleno de algo rojo que podría ser sangre y al lado… debajo de unos arbustos unos huesos… que bien podrían ser una pierna humana.

_¡A tomar por culo desayuno!. –Se quejó el sargento.

En el olivar de la familia Canales, cerca de la encina centenaria, ahora cortada y tirada en el suelo...

_Eso es una pata de animal zoquete.

Aquellos tres agentes de la benemérita, -que seguían aun sin desayunar- examinaban con cierto asco los restos encontrados por el guardia Romero. Los huesos aparecidos no eran otra cosa que los restos de algún animal momificado.

_Podría ser alguna especie de dinosaurio cabo. -dijo el sargento.

Campanario tuvo ciertos reparos desde el principio sobre la teoría apresurada de los dinosaurios, solo que como había estado todo el día contradiciendo a su superior por causas poco claras para él, optó esta ocasión por no decir lo que pensaba realmente. Sus teorías siempre acaban siendo contradichas por Orellana, era por esto, que solía guardárselas para sí.

_Sería bueno traer una excavadora y poner patas arriba este olivar. –opinó.

_Si, claro, tú has visto muchas películas me parece a mí... pides cosas que se salen de nuestras posibilidades.

_Entonces habrá que hacerlo a mano sargento. –sentenció la cabo campanario.

La motosierra fue clasificada como la prueba “B” de aquel caso, encontrada en el olivar de donde pronto saldrían a la luz otros secretos ocultos de la familia Canales.

Orellana caminaba absorto en diversos pensamientos hacía las afueras del pueblo. No cesaban de cruzarse con él paisanos que le increpaban por los sucesos de la pasada noche en Villaanal de la sierra. Como si él tuviera la culpa de algo.

_Tres robos en lo que va de mes y ahora asesinan a inocentes... y la guardia civil durmiendo, no te jode a donde vamos a llegar. –le increpó una anciana a su paso.

_Circule ciudadana. – le respondió él con un desaire.

El sargento, tras otros ligeros altercados por las calles del pueblo, consiguió por fin llegar al destino que pretendía. Pasó por su casa para resolver otros asuntos también importantes que le traían de cabeza aquella larga mañana. Y es que todo parecía haberse juntado ese jodío día. Saludó a la cabo campanario y contempló los avances en el rastreo del olivar. Dicho lugar para esas horas estaba ya de vuelta y media. La excavadora había realizado decenas de agujeros entre los árboles. Quien más y quien menos hubiera pensado, que bajo el olivar de una familia normal de ese pueblo habrían de encontrar solamente piedras y tierra seca. Hubiera sido una gran equivocación. Bajo esos olivos desatendidos que habían crecido libres en los últimos años, yacían multitud de sorpresas macabras que ahora se les mostraban con oscuro semblante.

Hizo acto de presencia ante ella con un sonido gutural ante el que la cabo solo reaccionó acercándole el listado de la exploración.

Ojeó la libreta que ella tenía en las manos, donde se apuntaba todo lo encontrado por la maquina excavadora en ese terreno propiedad de la familia asesinada.

_Al final no eran dinosaurios, sino cabras sargento. –le dijo sin apartar su vista del ultimo agujero excavado, en el que aun no daba por terminada la búsqueda.

_Ya me extrañaba a mí, demasiado fashion para este puto pueblo.

Lee la lista.

_Siete cabras en avanzado estado de descomposición.

_Esto es algo inaudito... –bajo los apuntes de las cabras, vio escrito una especie de signo de interrogación entre paréntesis-... ¿algo mas?. –preguntó.

Campanario tiró el último cigarro que fumaba y el primero que se llevaba a los labios tras su enésimo intento de dejarlo, y emprendió el camino hasta el hoyo de mayor dimensión, situado justo entre dos encinas y un olivo de grandes dimensiones.

_Bueno... sí, hay otra “cosa”... venga a ver esto.

La siguió con las manos en la espalda, a lo lejos un par de viejos curiosos comenzaban a formar lo que pasado poco tiempo podría llegar incluso a tumulto molesto.

_Romero, que nadie cruce la cinta de seguridad, use la fuerza si fuera preciso.

_Dando por hecho, -continuó la cabo- que hacían las excavaciones a mano, estamos cavando fosas de solo dos metros de profundidad. Al principio pensaba que no encontraríamos nada tan abajo, vamos que nadie por muy demente que estuviera trabajaría tanto para enterrar algo, pero... esto estaba incluso mas abajo, lo vimos por casualidad y porque el maquinista cobra por horas y cada vez me hace los agujeros más profundos.

Llegó el guardia junto a ese agujero en particular, sin saber que tendría en especial, y en que se diferenciaría esa cabra del resto de las aparecidas.

_¿Qué cojones es esto?. – esta como tal era una pregunta absurda, pronto se descubría que era aquello, y no era lo peor saberlo, sino intuir lo que dentro de aquel cajón similar a un ataúd podía encontrarse- ¡Joder!.

_Mire dentro sargento. –le pidió Romero el becario, quien ya guardaba las distancias con el sitio en cuestión.

Tuvo una ligera duda tras la que descendió con precaución para no mancharse el traje verde. Bajó amarrándose a la tierra para no irse por la inercia contra la caja. Sin mayores preámbulos una vez bien plantado en firme del agujero, levanto armándose de valor la tapa. Al hacerlo instintivamente echó la cabeza hacía atrás y no solo por el olor a descomposición que le llegó. Estaba contemplando algo que hacia falta varias veces para creerse en la realidad y no en una pesadilla siniestra.

_¡Hostias putas!. –pudo decir pasados unos segundos tapándose la boca con la mano.

Lo que dentro del ataúd le observaba con mirada baldía era un cura, el anterior cura del pueblo para mayores señas, desaparecido hacia unos meses ya. Lo vio desnudo y con una estaca clavada en el corazón. Una vez visto esto el resto era minucias.

_Esto parece una broma sádica y cruel. -le dijo desde lo alto Campanario- Romero se ha desmayado el pobre y le hemos tenido que dar oxigeno y una tortilla para reanimarlo.

El anciano cura tenía la cabeza lisa y libre de pelo, era muy blanco, casi albino pese a que el paso del tiempo había empalidecido su piel para siempre.

_El padre Eugenio, ¿no?. -preguntó.

_Si... al parecer lleva muerto algún tiempo. Y por lo poco que le he examinado, he apreciado evidentes síntomas de violación y otras desviaciones sexuales.

_Cursa una orden de busca y captura para Miguel Canales.

_Ya lo hicimos hace unas horas sargento...

_Bueno, pues cursas otra... esto es aun peor de lo que parecía en un principio, noshajodio, una cosa es asesinar a tu familia y otra muy distinta cargarse a un cura... por Dios, donde vamos a llegar con esta fiebre de libertades... ya empiezan a asesinar curas otra vez como en el 36.

_Al menos hemos solucionado el asunto de la desaparición del padre Eugenio.

_Sí, eso sí.

Se alejaron del cadáver del padre Eugenio caminado con dificultad entre los montones de tierra salidos de las excavaciones y los hoyos en si.

_Queda ya poco donde excavar... habrá que dar por terminada la búsqueda de pruebas en esta zona sargento. –ambos contemplaron la maquina sacar tierra limpia, lo normal por otro lado- Ya esta terminando con el último... y no parece que haya nada por esa parte de la finca...

Sin tiempo para terminar la frase la cabo quedo perpleja al ver como del cazo de la excavadora, colgaba un cadáver de varón completamente desnudo.

Los tres guardias se miraron carentes de expresividad en sus ojos. Romero volvió a desvanecerse por causa de la impresión dentro de uno de los agujeros.

Orellana abrió la libreta de su ayudante y pasó página, leyó lo que ponía en esa hoja:

CABRAS- 7

CURAS- 1

Tomó la pluma de poner multas y añadió algo.

CABRAS- 7

CURAS- 1

HOMBRES DESNUDOS- 1

_Tenga su libreta cabo.

Continuara… esperemos.

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