INTRODUCION
... no sé si os hable antes, -la memoria se me dispersa como los amigos- de un pueblo que en otros tiempos había sido conocido por los melones y las sandias, -famoso ahora por otras cosas de mejor venta y peor gusto- donde ocurrió una historia digna de contarse y saberse.
Era este el pueblo natural de Fantasmagoric, la persona que alcanzara mayor fama y reconocimiento en el lugar, logrado todo solo por salir en la televisión. El mentado individuo iba a quedar eclipsado -afortunadamente- por la aparición inesperada de una serie de pequeñas presencias, o personas normales, que formaron parte de una odisea tal como la del Homero, que comenzara con una persecución demencial, prolongada y sin sentido, con la cual fueron queridos, conocidos y odiados por todo el país.
No os engañéis, el completo de lo relatado aquí es solo fruto de la casualidad y el carácter violento y cachondo del ser humano, bueno, menos lo del cura, que eso fue un accidente.
Y como todo cuento que se precie comienza asina. –Palabro típico Extremeño.
Capítulo I
“Marta la ligera”
Érase una vez un pueblecito muy chiquito muy chiquito, tanto lo era, que si escupías al suelo normalmente ya lo hacías fuera de él. Este pueblo jamás se hubiera dado a conocer lejos de cualquier carretera con colores y señales, de no haber sido porque entre sus humildes habitantes, personas de bien, había una asesina, un exhibicionista, una ladrona, un agente de la autoridad corrupto y un vendedor pornográfico. Cabe la posibilidad que uno por uno quizás no se hubieran hecho nunca notar, pero todos juntos llevaron a cabo una de las persecuciones más increíbles y espectaculares, de la historia larga de las persecuciones en general.
Y tuvo que empezar allí, donde todos estos personajes vivían con tranquilidad y apacible monotonía, donde existía y convivía sosegadamente también, un joven al que desde niño se le conocía por el sobrenombre de “Miguelito el de la cosa”, con su curiosa familia pegada.
Villaanal de la sierra no era un pueblo de tradición pesquera, porque hubiera quedado raro lo contrario en el interior de Cáceres. No tenían ni puerto marítimo siquiera, allí no se llevaba eso y en las Villuercas menos. No tenían construcción, hacía años que no entraban ladrillos en ese lugar, la gente era pobre, cuando se caía una casa la levantaban con los mismos materiales y más paciencia. No tenía oficinas ni grandes almacenes, ni campo de fútbol, ni teatros abiertos ni cerrados, ni cine ni mil cosas mas, pero si que tenia una pequeña discoteca, especializada en el cultivo de la merluza cacereña los sábados por la noche, y ahí, precisamente ahí da inicio nuestro cuento, en la puerta de esa discoteca de nombre “discoteca solitario”.
... como decíamos antes, érase una vez...
Dos jóvenes salieron juntos de la disco, la chica tenia unos poquitos años mas y unas cuantas copas menos y estaba apunto de dar otro mal paso en su vida. Marta esa noche buscaba algo diferente, algo por ejemplo como de
_Te dije que no bebieras tanto.- dijo Marta.
_Creo que no estoy para grandes esfuerzos esta noche. – respondió Miguel desde el suelo al que acababa de caerse.
Así con su amante de turno para esa noche tirado en el suelo, sin voluntad, ni animo ni garantías ciertas de poder levantarse de esa acera, Marta se planteaba una gran duda existencial, ¿merecía o no la pena hacer todo el trabajo ella sola?. En el estado en el que se encontraba MC sería incapaz de calmar ese fuego que la ardía desde los quince años. Estaba más que claro, definitivamente se marcho de allí, era demasiado bueno para ella. En la puerta se encontró con un antiguo amante con el que hacía tiempo no se relacionaba. Esa noche después del fracaso con MC decidió llevárselo a su casa.
Lo correcto sería decir que no era su casa exactamente, ya que la solía compartir con el hombre con el que se caso al poco de llegar a aquel pueblo, y con la familia de este también. Tras una larga vida de nómada, correrías y lujurias, los pasos la llevaron por pura casualidad y por un mal rollo con un camionero, -que la dejo tirada en la cuneta- a Villaanal de la sierra, donde quien se lo iba a decir, iba a casarse a los dos días de llegar y donde iba a cometer su primera infidelidad a los diez minutos de dejar al cura.
“Es muy duro serle fiel tanto tiempo a un esposo” – le dijo al cura en la sacristía, mientras se levantaban mutuamente las faldas.
Cosas de Marta la ligera.
Mientras, Miguel creía estar ante la mujer de sus sueños. Ya no estaba solo en aquel frío suelo, acababa de caer a su lado una joven borracha y desconocida para él. Era morena de larga melena y pelo ondulado, delgada pero sin dejar notar sus huesos, vestía con un pantalón ajustado negro y una camiseta escotada blanca.
_¿Quién eres?. –la preguntó.
_Me llamo María, o eso creo recordar.
Los dos eran morenos, delgados desgarbados y con coleta de estiradas medidas. Ahora que lo pienso, son muchas coincidencias para ese escaso pueblo. A los dos se les adivinaban grandes curvas, se levantaron juntos y se examinaron con detenimiento.
_Me da a mí que nos han dado garrafón ¿eh?. –dijo él acariciándose la barba de cinco semanas que solía llevar.
_Y mucho. –dijo ella.
Fácil era entrever aquella afición que los dos tenían en común, así sufrieron un flechazo y se cayeron bien desde ese primer momento. Juntos se ayudaron a recuperar la verticalidad, se miraron, se rieron como buenos borrachos sin saber de que, para a continuación emprender un camino sin destino predeterminado.
La noria o el azar de la vida y de las borracheras castúas, les iba a llevar ante la casa de él. Intencionado o casual lo mismo da, el pueblo era diminuto y había pocas opciones a esas horas. Del interior salía un aluvión de estruendosos gemidos de placer.
_Es mi cuñada Marta,-le informó Miguel- siempre se trae a sus amantes a casa. ¿Quieres que nos unamos a ellos?. Parece que se lo pasan bien.
María era una chica forastera que había llegado esa misma noche al pueblo para pasar unos días con su padre. Este, que estaba divorciado de su madre con quien ella residía normalmente, le había encasquetado un par de amigas raras de las que se deshizo en cuestión de un par de copas. La noche había sido de lo más monótona, aburrida hasta la saciedad, hasta esos instantes en los que parecía por fin pasar algo que se salía de la norma. Lo cierto es que se salía bastante.
No lo dudó, sentía curiosidad por ver lo que hacían en esa habitación para que salieran de ellas esos alaridos espeluznantes, que la estaban poniendo ya la gallina en piel, o como coño se dijera eso.
Accedieron al interior de la vivienda de aquella curiosa familia. Los gritos de Marta eran apoteósicos, de no haber sido por algunas palabras mal sonantes que salían de su boca, hubiera parecido realmente que la estuvieran degollando.
_Abre la puerta.- le dijo al chico que parecía tener alguna duda ahora.
Miguel empujó la puerta que no se encontraba asegurada con cerrojo ni llave alguna y pronto el interior de la habitación se descubrió antes sus ojos como un cuadro surrealista de los peores tiempos de Buñuel.
La escena que contemplaron en aquella habitación fue algo que iban a recordar y que sin duda los marcaría para el resto de sus vidas. El amante yacía desmayado sobre la cama boca arriba y con una sabana tapándole de la cintura hacía abajo. La mujer se había pillado un seno entre los barrotes de metal de la cama y gritaba fuera de sí y de él.
Lo que parecía una situación cómica para María y Miguel Canales, resultó ser una pelea de amantes en la que él había salido perdiendo. Y es que estas cosas se sabe como empieza pero nunca “como” y sobre todo “cuando” terminan.
Marta gritaba como endemoniada soltando saliva e improperios por su boca difíciles de entender en gran mayoría. Exigía que se la liberase de su encierro, por mas que tiraba del seno atrapado no lograba recuperarlo de entre los barrotes. La cama se movía entera con el cuerpo del amante incluido simulándose a alguna de las escenas de “El exorcista”. Sin embargo no era eso lo que preocupaba mayormente a los dos jóvenes recién llegados, una mancha roja empezaba a aparecer en las sábanas, allá en esa zona donde habitualmente estaban los miembros masculinos, porque el caso es que el pene de este chico votaba por la cama libre y desinhibido, separado del resto del hombre.
Cuando se miraban sin llegar a reaccionar ni saber que hacer o decir, por sus espaldas llegó una nueva presencia que pese al trágico suceso hablaba con aparente calma y sosiego.
_Todas las noches la misma historia. -dijo el hermano de Miguel- Esta mujer mía va a conseguir al final que nos critiquen los vecinos.
Por si eran pocos contemplando aquel espectáculo, se reunió con ellos el padre y patriarca de la familia, con el cinto en la mano preparado para escarmentar al amante de turno. Pero lo que realmente necesitaban en esa casa era una ambulancia y los bomberos para sacar a Marta de los barrotes.
El amante se levanto del catre de repente cuando todos le daban por muerto, recogió el miembro que andaba por la cama, como quien recoge unos slips perdidos en una noche de placer, lo ojeó y se quedo con cierta mirada pensativa.
_¡Jo esto es idéntico a un...!. –les dijo tranquilo.
Luego vio que aquel miembro era el suyo y se desmayo para siempre.
Miguelito Canales y su nueva compañera de bares contemplaban la extraña situación sin saber si lo que estaban viendo era real o fruto del alcohol. Su cuñada con las greñas rojas alborotadas sobre su cara pecosa, seguía enloquecida tratando de soltarse de aquellos barrotes. A sus pies el amante bandido muerto, muy cerca, el soplagaitas de su marido plantado en el cerco de la puerta sin saber que hacer. Aunque pequeña de físico y estatura, el rocoso conocido carácter de la joven, les hizo no sorprenderse ante la fuerza hercúlea que demostraba tirando de esos barrotes.
_Es una cama de las de antes, no te soltaras por mucho que tires. – la dijo su suegro.
El señor Canales intentaba reflexionar, esa era su desgracia en esta vida, otros tenían almorranas o varices, o perdigones, pero lo de él no tenia cura fácil. Aun no se había inventado amoal para curar familias esperpénticas, con hijos borrachos, hijos cornudos y tontos y nueras ninfómanas. Incapaz de buscar alternativa a aquellos excesos consentidos hasta la fecha, decidió buscar consejo en un vecino anciano, que no andaba muy lejos. Lo cierto es que estaba justo detrás de él. Lo bueno de este vecino era que no hacía nunca falta avisarle para resolver un entuerto, puesto que era el primero en llegar allí donde había un lío que solucionar. Así de unidos somos los de los pueblos, o curiosos.
El patriarca esperó el sabio consejo del amigo con suma paciencia, ante los ojos expectantes de sus dos hijos, su nuera y... ¿Quién cojones era aquella morenaza forastera?...
_Matarlos a todos, créeme es lo mejor. -le dijo de pronto- a tus hijos los primeros, estos no escarmientan. La del pecho gangrenado déjamela a mí para enseñarla como se las gasta un poli retirado en la cama. Si es necesario usare las esposas para... aunque bien pensado, no creo que se mueva de ahí.
_Hijos de puta soltarme u os matare a todos. -gritó Marta- no me dejéis a solas con ese impotente, que además la tiene pequeña.
El padre, el tío canales grande, se llevo a parte a los dos personajes más jóvenes de la reunión. Con voz taimada les informó de las ordenes siguientes.
_Bien, ya sé que es duro lo que os voy a pedir, pero el tío Salomón tiene razón, así no podemos seguir. Los borrachos os lleváis al capao y lo enterráis en el olivar al lado del cura, luego si eso os suicidáis, pero sin armar mucho ruido ¿eh? que la gente esta mosquea después de la violación y desaparición del padre Eugenio.
Los jóvenes aun no sabían que pintaban en mitad de ese espectáculo, pero no dudaron ni un minuto en seguirle la corriente al anciano chiflado. MC se encargo de arrastrar al muerto, Maria portó el trozo amputado.
_¡Osu, y me quejaba yo de mi familia, con mis padres divorciados, mi madre y sus amantes extranjeros… su devoción por las apariciones marianas...! pero joder la tuya es de chiste tío... ¿me ha parecido entender a tu padre que nos teníamos que suicidar?.
_No le hagas caso...- habló Miguel exhausto por arrastrar al hombre fallecido- tiene alzheimer de ese... ahora le ha dado por recomendar a la gente que se suicide, esta colgao... espera, es por este camino hacia aquel olivar.
María lo examinó buscando una sonrisa o algo que demostrara que era victima de algún tipo de broma, pero el rictus serio del joven la hizo convencerse. El chaval era así inexpresivo, ausente, casi carente de emociones y con un caminar extraño.
_¿Y eso del cura?. –le preguntó antes de continuar por el sendero.
_¡Ah!... eso fue un accidente. –contestó Miguel sin volverse.
Llegaron al olivar de la familia, que tenia su ubicación detrás de la casa donde terminaba el pueblo y empezaba el no pueblo. Hicieron el agujero con unas palas que por allí tenían y le enterraron con el pito en la mano por si creía en la resurrección. En su último esfuerzo el hombre había intentado agarrar su miembro amputado, así que creyeron que podía ser como una última voluntad.
Terminado el trabajo y como no tenían muchos deseos de suicidarse aun, quedaron allí de pie mirándose fijamente. Es que apenas habían tenido tiempo de verse las caras y es que no estaban tan mal.
María sintió que era hora de decir algo para romper el hielo y aquella situación tan fría a la vez que caliente.
_¿Te apetece un casquete y eso? -le dijo.
_No.
_¿Y ese levantamiento?. -Volvió a preguntar ella, poniendo su vista en la entrepierna de Miguel, donde sobresalía majestuoso un bulto de enormes dimensiones, la posible razón de aquellos curiosos andares del joven.
_Esta siempre así, no te preocupes ya se bajara cuando se canse. Oye ¿Tu puedes sacarte el pañuelo?.
_Sí. -dijo ella- con las borracheras no me ha dado tiempo a sacarlo. Pero al menos un apaño si que me harás ¿no?.
María volvió a tener entre sus manos otro pene, pero este estaba unido a su dueño, y vaya medidas que tenia el condenado. Desde luego la opción suicidio que les habían recomendado pasó a ser desestimada. Los rituales clásicos de apareamiento entre jóvenes borrachos se precipitaron, cuando estaba el volcán a punto, Miguel Canales no pudo evitarlo y se abalanzó sobre ella como un toro de los de antes. Ella tuvo un acceso de pánico al ver esa cosa tan enorme y se apartó, por lo que el pobre chico acabo con el miembro encajado en una grieta de la encina donde ella estaba apoyada.
_¡Ayyy joo derr!.
_Perdona... ¿te has hecho daño?
Si que se lo había hecho, y encima no podía sacarla.
_Hostias tía se me ha encajao aquí dentro...- dijo con voz dolorida el chaval.
_Podemos llamar a tu cuñada… un cortecito y listo. -dijo María entre risas.
Miguel con los ojos fuera de sus órbitas optó por lo drástico, se armo de valor y pego un último tirón consiguiendo solo arrancar la encina y echársela encima.
Quedo tendido en el suelo agotado por el esfuerzo y aun encallado en la madera.
_Es mejor esperar a que se te ablande.
_Joder la última vez tardó tres días. Tendrás que ir a por la motosierra de mi padre... ¿Qué tal andas de pulso?.
María corrió otra vez hacía la casa pensando en el tremendo superdotado que acaba de encontrar en ese pueblucho donde trabajaba su padre. Al llegar vio que la puerta estaba abierta de par en par y ningún ruido se dejaba oír dentro. Entro y se encontró con algo que a ella en esos momentos le pareció normal. Efectos de los pianos que trasegó y que seguían subiendo.
El viejo Salomón, el padre alzheiremico y el cornudo habían sido descuartizados. Marta no aparecía en ese baño de sangre, solo su pecho amputado seguía encajado en la cama. Tomó la moto sierra del suelo y regresó al encinar.
_No te jode… y no vine el verano pasado por que me parecía un pueblo aburrido. -se dijo.
Con la motosierra en la mano llegó hasta donde estaba el joven. Este cuando la vio se puso a temblar con encina incluida.
_ ¿No creerás que puedo cortar algo que me puede ser útil? -dijo ella comprendiendo a que venían esos temblores.
_Date prisa. Estoy haciendo brujería con algún bicho del interior.
El joven se puso en pie para facilitar el corte de la encina.
María se armó de valor, se concentró, cortó tres pinos y dos encinas para ensayar, tomo siete hornimans, dos tilas y se puso a la tarea.
_¡Uy perdona!.
Claro al primer corte le rebano el miembro de un tajo. Él cayó de espaldas y su aparato sexual siguió encajado en la grieta del árbol, que permaneció en pie por llevar la contraria.
Miguel estuvo a punto de desmayarse al ver la sangre y su pene en el suelo. Era la primera vez que lo veía tan lejos. El alcohol que seguía subiendo le evito el dolor y el disgusto. No demostró el daño por ser un valiente, o es que a lo mejor no duele tanto cuando le cortan a uno eso... aunque yo creo que debe doler… al menos un poco.
Sí demostraba cierta preocupación ante la delicada situación ocasionada por el mal pulso que dejan las copas. Detrás María comenzó a reírse como nunca lo había hecho. _Por lo menos te he liberado, jajaja y total para lo que la usabas. -le dijo- No te preocupes hombre, en el bolso llevo un costurero y mi madre me enseñó a hacer punto de cruz. Ja jajaja jaja.
_Joder tía, no te rías me estoy desangrando... esto no es broma ni un sueño... ni perros callejeros.
_¿Vamos a urgencias?.
_Casi no. -dijo él- Iremos a ver a mi tío que es zapatero y sabe coser cosas duras.
Agarró su pedazo de carne y lo sacó del tronco. La punta salió dentro de la boca de una lechuza, que se alejó con cara de gustirrinin. Miguel Canales se había hecho un torniquete con un preservativo por debajo de los cataplines y andaba como chiquito de la calzada.
_¿Estas seguro de que tu tío podrá coserte eso?.
_Tranquila, mi tío siempre me cosía los balones.
Hombre entre balones y penes había cierta diferencia, aun así ella le siguió, aguantándose la risa por aquellos andares de su compañero.
_Por cierto... -le dijo- ¿tu has visto una película en la que al protagonista le matan toda la familia entera en una noche y el luego promete vengarse, al final lo hace y todo acaba bien?.
Cierto es, que no era la mejor forma de decirle a un amigo que habían matado a su familia, pero a esas horas y medio borracha no se le ocurrió nada mejor.
Así con este panorama desalentador llegaron ante la casa del zapatero remendón del pueblo. Llamaron a la puerta y un postigo se abrió ante ellos en cuestión de segundos.
_Ave María Purísima. -dijo Miguel.
_Sin pecado concebida eso dicen Noshajodio. -le respondió su tío, en lo que no queda claro si era una contraseña o una costumbre típica de los pueblos.
Les abrieron y accedieron al interior de la casa donde les esperaba el tío de Miguel en pijama.
_Tío, tienes que ayudarme –dijo Miguel.
_Mira que te dije que dejaras ese asqueroso vicio de...
_No es eso tío, mira...
María sacó del bolso un trozo de carne que el tío enseguida identificó.
_Y además han matado a mi familia.
_¿Qué hostias os pasa a la gente joven?. ¿Ya no tenéis bastante con los piercing esos? ¿ahora os da por las amputaciones?. Bueno lo de tu familia era algo esperado no por ello menos doloroso, te acompaño en el sufrimiento... por cierto... ¿eso no te duele?.
_Ha sido un accidente fortuito, mas o menos, ¿puedes hacer algo?, estamos muy cansados.
_¿Un accidente? ¿Lo de tu familia?.
_No, no... lo de la amputación.
_Que lío... Pasar al salón y sentaos en el sofá, ya veremos que se puede hacer. - sujeto con unos guantes la cosa del Miguelito, por mas que la veía no dejaba de sorprenderle en tamaño, grosor y dureza- ¡Chico no sé de que parte de la familia te viene este don!.
Algo después los dos jóvenes ya se habían dormido, en tanto el tío se dispuso a reparar el accidente.
_Esta demasiado duro, me quedare sin agujas. -se lamentaba el zapatero.
Aquella piel era imposible de traspasar en ese estado con las agujas convencionales. Miró al sobrino superdotado y seguía dormido, ajeno como cualquier joven de su generación a preocupación alguna, lo mismo que la chica morena que venía con él.
_¿De quien es esta moza?. -le preguntó la zapatera.
_Ni idea, no la había visto antes, debe ser forastera... -según la miraba rompió otra aguja- nada... no se puede.
_Creo, -dijo su esposa- que hasta que no se reblandezca eso nada de nada.
_Ya sabes como actúa la cosa de tu sobrino niña... no podemos esperar tanto... sino le aflojo el torniquete pronto tendré que cortarle los huevos también.
Quedaba claro lo comprometido del dilema. En esa casa para tomar decisiones y discurrir buenas ideas siempre estaba la tía de Miguel.
_Entonces, lo mejor será meterlo una hora en la olla exprés pa que se ablande, pero antes déjamelo a mi media. Ahora voy a aprovechar para cumplir una de mis fantasías sexuales de toda la vida, y como mi vibrador no tiene pilas...
La esposa se fue con su juguete nuevo camino del dormitorio, mientras el zapatero se quedó mirando orgulloso a su mujer.
_Mi zapatera es una viciosa insaciable, no tiene suficiente conmigo.
Dos horas y media después.
_Esta como un poco blandorra ¿no?.
Miguel se probaba el pene recién cosido ante un espejo, bajo la atenta mirada de sus tíos y María. Le señalaba al suelo con aspecto de un muelle cerrado.
_Es que la hemos tenido dos horas en la olla... no había manera oiga, cosa mas dura.
Como si supiera que estaban hablando de ella, aquella cosa celestial comenzó a recuperar durezas, eso sí, con un ligero cambio. Ahora dura apuntaba al suelo en vez de al techo. El muelle ahora se lucía extendido en toda la dimensión que abarcaba.
_Me la has cosido al revés pedazo de burro. ¿Y por qué me huele a...?
_Es que sin darse cuenta tu tía echó una pastilla de avecrem en la olla. La costumbre, no preocuparse lo puedo arreglar todo...
Aquella herramienta de Miguel que le hacia cosquillas en las rodillas por su dureza y textura, parecía tener vida propia de echo marcaría el resto de los acontecimientos de esta historia.
Sonó la puerta, por no decir que alguien golpeo con saña el postigo.
_¡Hostias putas! solo hay un tipo de personas que golpean de ese modo las puertas. ¡Huir por el corral!.
Era la pestañí, evidentemente. Los jóvenes hicieron caso del sabio consejo del tío zapatero y huyeron raudos y veloces sin saber muy bien porque, En esa familia era costumbre hacerlo.
_¡Abran a la guardia civil!. -gritó un hombre desde la calle.
_Abre ya, y pon cara de persona a la que le cae muy mal la guardia civil, pa que engañarnos, ni somos buenos actores ni sabemos fingir.
La zapatera hizo entrar a los agentes de la benemérita, una mujer y un hombre para mayores señas.
_¿Quieren un poco de sopa?. La acabo de hacer. -dijo la zapatera a los señores de verde.
_No, estamos de servicio señora. Buscamos a su sobrino por cierto.
El guardia sin embargo levantó su nariz como un perro pacho.
_Aunque parece que eso huele bien… traiga un par de tazas... ¿lleva avecrem no?.¿ Y que más?.
_Nabo. -dijo el zapatero.
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